Las granjas porcinas comerciales se enfrentan a retos cada día. La pregunta es: ¿cómo debe avanzar la genética para favorecer un rendimiento constante y predecible? Para PIC, la respuesta es la robustez, donde convergen la resiliencia y la resistencia.

¿Qué tipo de cerdo está mejor preparado para la producción comercial? Por lo general, las respuestas apuntan a un cerdo capaz de afrontar la presión de las enfermedades y las variaciones del sistema de producción, mientras que genera la mayor oportunidad de margen.
La forma de llegar hasta este fin mediante el progreso genético ha sido objeto de un gran debate.
¿Debe la mejora genética centrarse en cerdos capaces de mantener el rendimiento ante los desafíos a los que se ven expuestos, o en crear cerdos menos susceptibles a las enfermedades desde el principio? En definitiva, ¿nos centramos en la resiliencia o en la resistencia?
«Todos los proveedores de genética tendrán que responder, tarde o temprano, a ambas preguntas. La diferencia está en si se avanza en ambas a la vez o se sacrifica una en favor de la otra».
– afirma Matt Culbertson, director de Operaciones de PIC.
PIC cree que la respuesta es ambas. La robustez surge donde convergen la resiliencia y la resistencia.
Por qué la resiliencia y la resistencia son esenciales
La resiliencia y la resistencia cumplen funciones diferentes, y comprender esa distinción es fundamental para desarrollar un cerdo más robusto. La resiliencia protege el rendimiento. Es la capacidad de un cerdo para mantener o recuperar rápidamente su rendimiento tras un desafío sanitario, ambiental o de manejo. Por ejemplo, un cerdo puede mantener mejor el crecimiento o volver antes al rendimiento esperado tras sufrir una enfermedad.
La resiliencia tiene un amplio valor en la producción comercial porque los cerdos rara vez se encuentran en condiciones perfectamente controladas. Los desafíos sanitarios, los cambios ambientales, las transiciones de alimentación y las diferencias de manejo forman parte de la realidad productiva. Una genética que ayude a los cerdos a rendir de forma más constante bajo esas presiones puede contribuir a resultados más predecibles.
La resistencia limita el impacto de un patógeno específico. Puede reducir la susceptibilidad, la infección, la carga patógena o la transmisión asociada a una amenaza sanitaria concreta. Por ejemplo, un cerdo resistente puede ser menos susceptible a una enfermedad determinada o portar y excretar menos virus.
Por tanto, la resistencia ofrece una herramienta más dirigida. En lugar de ayudar al animal a rendir ante desafíos amplios, aborda una amenaza sanitaria específica y puede contribuir tanto a la salud individual como al control de enfermedades a nivel de granja.
PIC formula la relación así:
RESILIENCIA+RESISTENCIA=ROBUSTEZ
Los dos enfoques son complementarios, no excluyentes. La resiliencia ofrece una protección amplia del rendimiento frente a muchas presiones, mientras que la resistencia añade una protección específica frente a amenazas sanitarias de gran impacto.
El valor de la robustez
Para comprender el verdadero valor de la robustez, hay que mirar más allá del cerdo individual. La variación tiene consecuencias en todo el sistema de producción.
Cuando los cerdos responden de forma desigual a las presiones, las diferencias afectan al crecimiento, la eficiencia alimenticia, la mortalidad, los flujos de las naves e incluso la comercialización, lo que repercute finalmente en el coste por cerdo, la producción global y su rentabilidad.
Un cerdo robusto está diseñado para hacer que los resultados sean más predecibles. Esto no significa que la genética vaya a eliminar las enfermedades ni a sustituir una buena sanidad, nutrición y manejo. Significa que la genética se convierte en otra herramienta para aportar mayor uniformidad al sistema de producción.
Pensemos en dos grupos de cerdos expuestos a presiones comerciales similares. Si uno presenta una mayor variación del rendimiento, puede haber más animales que se retrasen respecto al crecimiento esperado o que salgan del sistema antes de alcanzar todo su valor.
En un grupo con un rendimiento más constante, más cerdos pueden mantenerse en la trayectoria prevista y llegar al mercado con su valor completo. Una mayor uniformidad también facilita prever el flujo de las naves, las necesidades de pienso y los compromisos comerciales.
Los datos del sector norteamericano indican cuánto vale esa uniformidad. Entre mayo de 2025 y abril de 2026, el beneficio neto medio declarado fue de 39 USD por cerdo, frente a 53 USD por cerdo en el 25 % superior de las explotaciones: una diferencia de 14 USD para el mismo producto básico en el mismo mercado.[1]
«La robustez no es solo un concepto de salud animal. También es un concepto productivo y económico con potencial para ayudar a los productores de todo el mundo a capturar una mayor parte de ese valor».
– afirma Culbertson.
Cómo se construye la robustez
La robustez no es un único gen o carácter que se añada sin más a un objetivo de selección.
Es el resultado de seleccionar múltiples características que contribuyen al rendimiento en condiciones comerciales. El enfoque de PIC consiste en avanzar simultáneamente en resiliencia y resistencia, sin dejar de seleccionar el conjunto más amplio de caracteres que contribuyen al valor integral del cerdo.
En resiliencia, esto significa saber qué familias genéticas rinden de forma constante en condiciones reales de producción.
Los datos comerciales desempeñan un papel importante. Las diferencias de rendimiento que permanecen ocultas en entornos ideales o de baja presión se hacen mucho más visibles cuando los cerdos afrontan la variación habitual de las granjas comerciales.
Desde hace más de 20 años, PIC utiliza datos de rendimiento comercial para identificar esas diferencias e incorporarlas a la selección genética. El objetivo es seleccionar una genética capaz de ofrecer un rendimiento excepcional y predecible en condiciones reales, no solo en condiciones ideales.
El desarrollo de la resistencia completa la otra mitad de la ecuación.
Los avances tecnológicos, como la edición genética, están creando oportunidades para actuar frente a enfermedades específicas de gran impacto. Un ejemplo es el síndrome reproductivo y respiratorio porcino (PRRS), frente al cual PIC ha desarrollado un cerdo editado genéticamente con resistencia a esta enfermedad.
Otro ejemplo es el desarrollo de resistencia a E. coli. PIC fue la primera empresa en identificar y utilizar el marcador F18 (FUT1) para seleccionar cerdos genéticamente resistentes a la infección por E. coli, conocida por causar diarrea, edema y muerte en cerdos jóvenes. PIC ha seguido seleccionando el alelo favorable asociado a la resistencia frente al receptor F18 y, más recientemente, ha ampliado la labor para incluir el F4, aumentando así la resistencia en las líneas disponibles comercialmente.
La resistencia dirigida no sustituye a la resiliencia: ambas trabajan juntas para crear un cerdo más predecible.
Aunque el sector desarrolle herramientas para luchar contra enfermedades concretas, los cerdos seguirán afrontando otros desafíos sanitarios, además de presiones ambientales, nutricionales y de manejo. Por ello, una resiliencia amplia sigue siendo importante.
Del mismo modo, la resiliencia no elimina el valor de impedir que una amenaza sanitaria afecte al cerdo desde el principio.
La robustez reúne ambas estrategias.
De la robustez a una producción más predecible
El objetivo es conectar el progreso genético con resultados relevantes a nivel de granja.
Esto incluye cerdos que mantienen el rendimiento ante las presiones diarias de producción, menos animales que se quedan atrás y más cerdos que llegan al mercado con su valor completo.
Con el tiempo, incluso mejoras relativamente pequeñas en uniformidad o supervivencia adquieren importancia cuando se multiplican por grupos, naves y sistemas de producción completos.
«Al combinar resiliencia y resistencia, estamos creando cerdos robustos que ofrecen un rendimiento más constante y capturan más valor en todo el sistema de producción»,
– afirma Culbertson.
Las herramientas genéticas disponibles para el sector están aumentando, y los productores no tienen que elegir entre un cerdo más resiliente o más resistente. Pueden tener ambas cualidades.
La resiliencia protege el rendimiento. La resistencia limita amenazas específicas. Juntas construyen robustez.
Es una fórmula sencilla para un objetivo mucho más amplio: crear cerdos diseñados para aportar valor ante las realidades de la producción comercial.
[1] Basado en los beneficios por cerdo declarados por las explotaciones en Agri-stats entre mayo de 2025 y abril de 2026.